La Lucha para Crear Conciencia sobre Soluciones Pací­ficas a la Exclusión

Para que las investigaciones del ILD tuvieran real impacto en el status quo, De Soto y su equipo se dieron cuenta de que tení­an que encontrar una manera de forzar al Perú oficial a enfrentar la masiva presencia de la extralegalidad en el paí­s fenómeno que dilataba todos los esfuerzos en mejorar la economí­a peruana- y encontrar una salida a la situación. El ILD había observado de cerca la informalidad descubriendo que los pobres no eran el más grande problema del Perú sino la mayor parte de la solución. El gobierno peruano, sin embargo, afrontaba otro terrible problema: el terrorismo.

Sendero Luminoso

A mediados de los ochenta, la guerrilla maoí­sta denominada Sendero Luminoso, se habí­a convertido en la más agresiva fuerza polí­tica en el Perú.

Su principal base polí­tica era el masivo sector de gente excluida de la economí­a peruana que el ILD habí­a documentado. Sendero Luminoso habí­a llegado a controlar una tercera parte del territorio nacional y las guerrillas atacaban con bombas áreas populosas y comerciales de Lima para aterrorizar a la población y a sus opositores polí­ticos e intelectuales y desarrollar apoyo popular a su promesa de "revolución".

El gobierno de centro izquierda de Alan Garcí­a intentaba aplastar a las guerrillas. En esta pelea a muerte entre el régimen y Sendero Luminoso las probabilidades de triunfo estaban a favor de los subversivos, según diversos analistas internacionales, quienes, inclusive, vaticinaban que se iba a requerir una intervención multinacional para evitar un triunfo de Sendero Luminoso y así­ impedir su expansión hacia Ecuador, Colombia y Bolivia.

El gobierno contraatacó con la policí­a y el ejército, pero no confrontó a Sendero Luminoso con argumentos e ideas, mucho menos con soluciones a la pobreza. El ILD se propuso llenar ese vací­o intelectual.

EL Otro Sendero

El ILD decidió que era imperativo lanzar una masiva campaña de comunicación para difundir sus hallazgos empí­ricos y su idea sobre cómo reformar el sistema legal del Perú. La campaña empezó en 1985 con un reportaje de 12 páginas en Caretas, la principal revista polí­tica semanal. Una serie de artí­culos acerca del trabajo y los descubrimientos del ILD aparecieron en los periódicos más importantes como El Comercio, que publicó un reportaje con fotografí­as y gráficos que ilustraban la dimensión de la informalidad en el Perú.

La campaña publicitaria del ILD continuó durante 1986. Trabajando con diarios, televisión y radio, el equipo del ILD generó nuevas noticias, ensayos, conferencias, seminarios y libros de caricaturas y jingles radiales -un proceso sin precedentes-, que llamaron la atención sobre el hecho de que la mayor parte de la actividad económica se realizaba en lo que pasó a ser conocido como el sector informal.

El ILD, además, instaló su propia "Oficina de Atención al Público" para informar y asesorar a los partidos polí­ticos que deseaban enfrentar el fenómeno de la extralegalidad.

En 1986, Hernando de Soto publicó su primer y seminal libro, El Otro Sendero, sobre la base de más de cinco años de investigación del ILD. El texto inmediatamente se volvió indispensable para comprender la economí­a y sociedad del Perú y a los peruanos en general. Para De Soto y su audiencia peruana el libro también constituyó un directo desafí­o intelectual a Sendero Luminoso, porque se descartaba el camino violento de la insurgencia y se optaba por "El Otro Sendero" para salir de la pobreza a través de reformas legales. Tal como De Soto recuerda en el prólogo de la segunda edición en los Estados Unidos en el 2002:

Muy temprano, hacia 1984, yo ya estaba convencido de que Sendero Luminoso nunca serí­a eliminado como opción polí­tica si antes no era derrotado en el mundo de las ideas. Como muchos, sentí­ que la mayor fuerza de Sendero Luminoso emanaba de su capacidad de convocatoria intelectual entre los excluidos por el sistema y de su habilidad para generar una causa polí­tica para los lí­deres naturales, en las universidades o en las barriadas. Abimael Guzmán, el jefe de Sendero Luminoso, era un ex catedrático de filosofí­a de la Universidad de Huamanga, en los Andes sud-centrales del Perú. Su estrategia no era un misterio: deseaba amedrentar a cualquier oposición intelectual y silenciarla, capturar la imaginación del pueblo, y crear un argumento revolucionario "a prueba de refutaciones", como hubiera dicho el pensador marxista francés Georges Sorel (1847-1922).

Muchos intelectuales peruanos hablaron y escribieron contra la violencia, en general, y participaron en marchas con velas a favor de la paz, en general. Pero pocos se atrevieron a atacar a Sendero Luminoso públicamente por su nombre. De hecho el propio nombre "Sendero" inspiraba tanto miedo que solo era susurrado. Esta ola expansiva de terror volví­a a Guzmán invencible, un macho alfa que pocos intelectuales estaban dispuestos a confrontar. Al lograr enmudecer de terror a sus crí­ticos, este catedrático asesino contaba con espacio retórico de más para promover su "mensaje revolucionario" en la sociedad peruana.

Para demostrarle a mis compatriotas que no habí­a nada mágico o superior en la propuesta senderista de una nueva sociedad, titulé a mi libro El otro sendero. Aunque habí­a escrito un libro claramente orientado hacia el desarrollo y no sobre terrorismo, organicé el texto para confrontar los trillados discursos de Sendero Luminoso contra la democracia liberal y el capitalismo. Para ello abordé sus argumentos uno por uno, empezando por el supuesto ”obviamente falso para cualquiera que camine por las calles de Lima” de que los peruanos eran una clase social naturalmente adversa a los mercados y a la democracia.